miércoles, 29 de octubre de 2014

Ámbitos de la personalidad infantil en el juego

 Se enumeran a continuación las dimensiones de la personalidad infantil presentes en el juego:
La emotividad o capacidad de emocionarse: sentir emociones, sentimientos y afectos, está en la base del comportamiento de los seres humanos. Esta faceta se ha pretendido ocultar, el origen de las pasiones que conviene reprimir.



El ocultar la emoción o los sentimientos no los hace desaparecer; al contrario, cuando se reconocen como origen de los comportamientos humanos, se pueden analizar, diferenciar y autorregular. Hay que habituar a los niños y niñas expresar los sentimientos de forma natural y habituarlos desde un principio, sólo así más adelante estarán en condiciones de poder orientarlos y autorregularlos. El juego facilita la expresión de las emociones y la comprobación de su existencia e influencia en todas las acciones humanas.


El juego representa una experiencia de socialización importante porque en él se dan los conflictos
asociados a los grupos humanos y se aprenden las habilidades sociales para gestionarlos.
La experiencia de pertenencia a un grupo de iguales se da por primera vez en la escuela, donde se
establece una relación y un contexto comunicativo muy diferente al familiar, que favorece:
  1. Un conocimiento de los demás y de sí mismo en relación con los otros.
  2. Un conocimiento de las reglas morales que rigen los contextos
  3. Un conocimiento de los tipos de relaciones desde un punto de vista convencional

El conocimiento o la capacidad de conocer: la faceta cognitiva que se desarrolla y aplica tanto para el conocimiento de sí mismo, de los demás y del entorno. A menudo la capacidad cognitiva absorbe la atención educativa, porque ha sido la faceta más valorada del ser humano, ignorando que los afectos, el equilibrio emocional, y las características de la relación con los demás juegan un papel determinante.